jueves, 20 de diciembre de 2012

El cuerpo humano como signo mediador de la relación social








“Ahora más que nunca existen innumerables soportes en los que aparece nuestra identidad: fotos, vídeos, carnets. Y de allí el cuidado del cuerpo, para tener una imagen en la que nos encontremos a gusto y percibamos que es satisfactoria a los ojos de los demás. De esta forma, el cuerpo sirve de control y es parte del propio proyecto de identidad.” (Revilla, 2003)

El cuerpo humano es un complejo sígnico, dotado de variables comunicativas y expresivas que permean en toda la acción humana. Es nuestra carta de presentación, pero también es nuestra identificación como ser en el mundo (Finol, 2009) En este sentido, el cuerpo humano pertenece a la cultura y no a una identidad biológica. El cuerpo es interpretado culturalmente a diario, por lo que la biología no está excluida de la cultura, sino que está dentro de ella. Como signo el cuerpo posee una dimensión semántica, al ser un activo connotador que crea, organiza y transmite todo tipo de mensajes, ya sean pragmáticos, simbólicos o estéticos. Es un mensaje, que habla de su propietario, cobrando entonces, gran importancia la proyección que tienen los demás sobre uno mismo. (Barreiro, 2004).

En este sentido, el cuerpo humano es el primer elemento que ancla la identidad al individuo y a sus autorrelatos. La identidad está en el cuerpo, pues son la continuidad corporal, la apariencia física y la localización espacio-temporal los criterios que sirven para la asignación de una identidad continua. (Harré, 1984 citado en Revilla, 2003) Además el cuerpo cumple un rol muy importante en el juego de la identidad ante los otros. La imagen de nosotros mismos es la imagen que nos devuelve el espejo, y es así como imaginamos la impresión que causamos a los demás en nuestra interacción.

El cuerpo es el primer signo mediador de la relación social, es aquello con lo que nos presentamos. (Goffman, 1971 citado en Martínez, 2004). Sabemos que seremos juzgados por cómo aparecemos, es por esto que utilizamos nuestro cuerpo para aparecer como un actor fiable, teniendo un manejo suficiente de nuestro cuerpo, una sensación de control que nos permita hacernos responsables de nuestros actos y consecuencias en el plano identitario. Pero que sucede cuando el cuerpo es obeso o con sobrepeso, y no es apto para ser aceptado por no cumplir con los estándares  o el ideal estético impuesto en la sociedad.
Siguiendo a Erwing Goffman (1963) se convierte la persona en portador de un estigma que lo desacredita y lo inhabilita para una aceptación total en la sociedad.

Fuente: Martinez, Ana (2004) La construcción social del cuerpo en las sociedades contemporáneas. Papers (73) 2004 127-152. Extraido el 30 noviembre de 2012. http://ddd.uab.es/pub/papers/02102862n73/02102862n73p127.pdf
Goffman, Erwing (1963) Estigma: La identidad deteriorada. Buenos Aires Amorrortu Editores.
Revilla, Juan Carlos (2003) Los anclajes de la identidad personal. Athenea Digital (4) 2003 1-14 Extraido el 20 de noviembre de 2012. http://www.raco.cat/index.php/Athenea/article/viewFile/34119/33958

martes, 18 de diciembre de 2012